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¿Qué hacer cuando la violencia nos ha alcanzado?

bloqueos del narco en Guadalajara bloqueos del narco en Guadalajara AFP/CNN

Por Darwin Franco

La información sobre los múltiples narco-bloqueos que sufrió la ciudad de Guadalajara (09/03/12) nos sorprendió en plena clase de ética periodística, los alumnos más atentos a sus celulares y a la vorágine de información que se generaba a borbotones en las redes sociales no podían ocultar el desconcierto en sus rostros, su aflicción se incrementaba tras mirar las múltiples versiones (las periodísticas y las ciudadanas) que más que certezas –en ese momento- les generaban mucho confusión.

¿Qué está pasando? Me preguntaban y se preguntaban entre sí, a decir verdad yo tampoco sabía bien lo que ocurría, pues había salido de Guadalajara rumbo a Ocotlán, donde se ubica el Centro Universitario de la Ciénega al cual pertenece la Licenciatura en Periodismo de la Universidad de Guadalajara, momentos después de que sucediera el operativo donde las fuerzas federales detuvieron a Erick Valencia Salazar, “El 85”, uno de los líderes del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

 

Ninguno de nosotros imaginaba que cuando hablábamos sobre la responsabilidad social del periodista y las implicaciones éticas que se derivan de ello, en Guadalajara y en las carreteras que justamente conectan a Ocotlán con la capital estaban generándose diversos hechos violentos provocados por el crimen organizado como reacción a la  detención de uno de sus capos.

Mientras ahondábamos en la ética periodística como un recurso práctico y no como un código de referencia, la realidad se desbordaba y exigía a todos esa capacidad de actuar y de ser mesurados y responsables con lo que uno informa al respecto ¿pero cómo interpretar la violencia y sus múltiples manifestaciones cuando la información básica se desconocía y lo que teníamos al alcance eran fotos de carros incendiándose o tweet/post señalando más ataques?

La sugerencia fue dejar todo lo que estamos haciendo para pensar en la manera en que periodísticamente tendríamos que actuar en esta situación ¿qué se puede hacer cuando sobre abundan las versiones de los hechos? ¿Cómo ser mesurado cuando el ritmo de la información adquiere la categoría de Trending topic? ¿De qué manera retomar la información ciudadana de las redes sociales para afrontar la labor periodística?

Preguntas nada fáciles en tiempos donde el periodismo también parece estar siendo desbordado por la velocidad de la información y por su incapacidad de conectar la construcción informativa ciudadana con su quehacer cotidiano.

A la distancia y con la aparente tranquilidad del salón de clases, los alumnos se cuestionaban lo que debían que hacer y ponían en tela de juicio que tanta objetividad tenía la información que en esos momentos se generaba y cómo es que ésta incentivaba más el pánico que la reflexión. Mis cuestionamientos se centraron en preguntarles “qué harían ellos”, la pregunta los llevó a generarse diversos cuestionamientos porque para todos era difícil pensar cuando su preocupación giraba en torno a cómo llegarían a Guadalajara y a contestar las cada vez más recurrentes llamadas de sus familiares que les pedían que se quedaran en Ocotlán, pues la ciudad había colapsado.

¿Es posible hallar la mesura ante situaciones inéditas para esta ciudad? ¿Cómo informar sobre la violencia y cómo analizarla sin caer también preso del propio miedo?

Con las incertidumbres como eje de su reflexión, los alumnos precisaron que el principal deber del periodismo ante una situación tan violenta es ser responsable de lo se dice e informa, es ser honesto y presentar hechos contextualizados para evitar –en la medida de lo posible- caer en interpretaciones básicas e imprecisas como las que vimos en las redes sociales, pero también acordaron que es vital trabajar con la ciudadanía y constatar con ellos y a través de ellos la veracidad de sus miedos. La responsabilidad es compartida porque en el periodismo no debemos asumir el rol de héroes o salvadores sino personas comprometidas con los otros. Ahí está el valor ético de lo debemos hacer.

Sin embargo, nuestras conclusiones contrastaban demasiado con la manera en que se condujo la información sobre los ataques, ya que la mayoría de los medios (locales y nacionales) dejaron de lado la mesura y se enfocaron en hacer de la violencia un nexo comercial al volverla un excelente pretexto para convertirse ellos en la noticia y, entonces, si presumir que “fueron los primeros, que informaron antes que nadie, que tuvieron la mayor cobertura, etc.”. Es decir, realizaron un periodismo donde el centro de la información era su labor y no los hechos, lo cual –creo yo- contribuye enormemente a la generación del pánico porque en ese afán de protagonismo se magnifican los hechos (que de por si tenían esa característica) provocando más alarma y pánico en una población que si algo tenía sobre los ataques era demasiada información pero pocas explicaciones.

También nosotros, como ciudadanos/usuarios, tenemos mucho que aprender porque la posibilidad de ser medios de auto-comunicación masiva –como llama Manuel Castells a la manera en que en nuestro rol de usuario adquirimos la posibilidad de ser gestores y productores de una información que técnicamente llega a muchas personas- conlleva igualmente una alta dosis de responsabilidad, y con esto no estoy oponiéndome a la información ciudadana, ya que ésta fue vital para que muchos de nosotros evitáramos las zonas de conflicto. Lo que quiero destacar en que al igual que en el periodismo y los medios, nosotros como usuarios podemos caer en esa misma dinámica y realizar interpretaciones equivocas o apresuradas. Es decir, debemos ser responsables no sólo de lo que ponemos en Facebook o Twitter sino también de aquello que linkeamos o retwitteamos. También el pánico lo podemos generar nosotros.

Son muchos los retos que tenemos en un estado actual de las cosas donde la institucionalización de la violencia y las ciudadanía del miedo (como se ha dicho en este blog) parecen tornarse estados naturales de nuestra realidad. La violencia nos ha alcanzado a todos y eso nos exige un ejercicio más fuerte de nuestras ciudadanías porque la estabilidad no se conseguirá refugiándose en casa sino saliendo de ella, tomando las calles que siempre han sido nuestras para decirles a aquellos que las bloquearon que estamos aquí y no nos iremos.

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