La noche que te llevaron estaba dormida y me desperté porque en el corazón sentí unas punzadas. Sentía que me asfixiaba. Me levanté gritando por Adrianita, tu hermana, y dije ‘ya se me fue’. Pero mira, no era Adrianita, eras tú: mi único hijo hombre de seis en total.
Enseguida acudí a hospitales, a la morgue, a ceresos. Dicen que se llevaron a siete muchachos aquella noche. En la Fiscalía me recibieron la denuncia pero no me quisieron ayudar. “Vaya y búsquelo usted”, me dijeron. Me contaron que era mucha la muchachada que estaba desaparecida. Me sentí decepcionada. Sentí mucho coraje. Me sentí sola.
Por falta de dinero no he podido buscarte. He ido a Saltillo. Iba sola y me desesperaba y ahorita con el grupo parece que se ve una lucecita. Fuimos a buscar a Charles (Jesús Torres Charles, el Fiscal del estado) pero nada.
Cuando escucho la música me acuerdo de ti, de cómo eras alegre, bailador. Me acuerdo cuando llegabas a la casa y me peleabas que te hiciera tortillas de harina.
Siento que tu mujer se está olvidando de ti. Ya ves como es de seria. Ya me habla poco para preguntar por ti y yo ocasionalmente la visito para mirar a mi nieto, Erick. Dicen que se parece a ti: Gordito, chaparrito como tú cuando eras niño. Su cejota como la tuya. Ya va cumplir tres años.
Hace tiempo recibimos una llamada y pensamos que eras tú. Nadie contestaba y sólo se escuchaba el silencio, como entrando a una iglesia. El sonido de la soledad.
Luz Elena, tu hermana, ya no me habla. No nos hablamos desde que desapareciste. Me echa la culpa porque te regañaba mucho. Dicen que le puede mucho no encontrarte. Biridiana –hermana- se acuerda a cada rato de ti y te llora mucho. Ya estudia puericultura. A tus otras hermanas ya no les llegan sus becas para estudiar. Tu papá vino hace unos meses. ¿Hace cuánto que no lo ves? Me dijo que te dejara de buscar, que no tenía caso.
Pero yo casi a diario me siento afuera de la casa a esperarte. En las noches salgo a ver si te miro. No te miento, mijo, de ratitos me caigo, me rindo. Digo: ‘ya no está mi mamá ni mijo, ya llévame Señor’. Pero me arrimo a tu foto y la beso, te hablo. También le hablo a los que te llevaron y le pido al Señor que les toque el corazón y te suelten. Le pido a diosito que te bendiga donde quiera que estés y le pido que le ablande el corazón a las personas que te tienen.
Me entra mucho coraje. Quisiera correr, salirme, buscarte por las calles. Siento esa soledad tremenda. Siento coraje al ver que dicen que no hay nada en tu caso.
Mijo, la última vez que te soñé, me hablaban por teléfono y una persona me decía que ya estabas en Torreón, que ya no me preocupara. Cuando desperté pensé que ese era el día que te volvería a ver. Pero no. ¿Hasta cuándo? Tengo mucho sentimiento.
Tu mamá, Flor
Servando García Campos, un año y 11 meses desaparecido
Hace algunas semanas abrí el clóset de la casa y me encontré con muchas playeras tuyas y me solté a llore y llore. Quisiera no pensar en ti, Servando, como cuando se te pierde algo y de repente lo encuentras. Pero las cosas no son así.
Mis papás y yo hemos aprendido a vivir con el dolor. Se siente feo, mucha angustia. Cuando no aparecías pensé que te habías peleado. Papá lloraba mucho, se ha controlado. Mi mamá llegó un momento en que no se levantaba del sillón. Pero es fuerte, no se acobarda. Antes yo me imaginaba que te iba a mirar ahí tirado en el suelo, golpeado.
Pusimos denuncia, pero en la Procu sólo nos meten miedo y ya dejamos de insistir. Nos dicen que ya no le movamos, que si insistimos peligras. Como te extraño Servando: siempre tan servicial, siempre arreglando todo. Le sabías a la plomería, albañilería; la hacías de eléctrico y hasta de carnicero. Los vecinos extrañan eso.
Ahí en el fraccionamiento donde trabajabas –y de donde te llevaron-, con los ricos, le daban 500 pesos a tu mujer, Erendira, cada ocho días después que desapareciste. Se lo dieron durante casi dos meses. Después se olvidaron y uno de los colonos nos dijo que no pusiéramos denuncia, pero mi papá ya hasta fue al Senado. Pusimos tu foto en internet, en los extraviados. Como recuerdo ahora esos días cuando te pedía que te salieras de ahí, porque sentía miedo. Mira lo que fue a pasar. Mi papá ahora dice que tu único pecado fue haberle velado el sueño a los ricos.
Mi mamá y yo sólo pensamos en qué te estarán haciendo, vemos las noticias y nos ponemos a llorar de imaginarnos que eso te hagan. Luego tú tan especial que si no tomas café te duele la cabeza. Mi mamá dice que como tú ninguno de sus hijos.
De la desesperación casi todas tus fotos las hemos perdido porque se las llevamos a las que leen las cartas. Una nos dijo que te llevaron porque debías dinero. ¿Es cierto? No creo. Si tú vivías en un jacal y presumías el ‘chivo’. Siempre tan responsable.
Aquí en el ejido la gente nos trae veladoras, santos, cuadros. Otra gente sólo habla y dice que te llevaron porque andabas mal. Hay quienes dicen que te llevo una camioneta, otros que varias y dicen que el ejército te llevó. Pero nadie se digna a hablar, ni hacernos caso. A mi esposo le dijeron que un trailero te había visto en Reynosa con un radio, que traías la barba larga. Qué saben ellos. Por eso a veces hasta uno le agarra coraje a la gente y nos preguntamos por qué no se llevaron a los mariguanos que andan por aquí. ¿Sabes que aquí del rancho se han llevado a otros y que también se llevaron a otro chavo vigilante? Pobre, él apenas tenías tres días en el trabajo.
Tus hijos, Christopher y Naomi, sólo preguntan si ya vas a regresar. Al principio les mentimos. Pero hoy exigen que regreses. Te necesitan. A Christopher le dio colitis nerviosa. Pobres chamacos, Servando, apenas tienen siete y seis años. Tu esposa, Erendira, duró con mamá un año, pero ya se regresó a su casa. Va uno pa’ allá y es pura tristeza. Está espere y espere. Ya le quitaron la despensa que le daba el Estado. Ella tiene mucha fe en que regresarás. La fe es lo que nos tiene con vida. No hemos dejado de rogarle a Dios. No sabemos qué hacer, ni a dónde buscar. En estos momentos mi mamá, Margarita, sólo quiere saber si estás con vida o si estás muerto para llevarte una flor. Vas a cumplir 25 años.
La última vez que te soñé no te podía hablar. Llegabas pálido, amarillo y flaco a la casa. Pura ilusión. Tenemos la esperanza. ¿Qué más nos queda?
Sonia, tu hermana
Armando Salas Ramírez, dos años y nueve meses desaparecido
¿Dónde estás hijo? Ahorita tienes 22 años. Seguro estás más grandote. Quiero que sepas que tu papá y yo no hemos dejado de buscarte. Hace tiempo fuimos a Lerdo porque encontraron cuerpos en una fosa. Nos enseñaron las fotos. Pobres, todos desfigurados. Pero sabemos que tú no eras uno de ellos. Sé que estás vivo. Les pedimos pruebas de ADN pero no hacen, ni siquiera te dan medidas, sólo las fotos. Pero tú mides 1.92 metros, ta´ fácil, ¿no?
No es la primera vez que vamos a identificar cuerpos. Ya lo hemos hecho en todos los estados, sólo nos falta visitar anfiteatros en Sinaloa y Guerrero. Nos dicen que ahí está más pesado. También hemos subido al poniente de Torreón para ver si te vemos; porque a tu papá le dicen que a lo mejor te traen de sicario. Vamos allá donde venden la droga y ve uno puro chavo vigilando, con sus pistolas.
En noviembre encontraron en San Pedro la camioneta en la que andabas. Pero no han investigado ni detuvieron a nadie; sólo nos dicen que después o que no pueden hacer nada. Andamos cortos de lana, hijo, pero ahí la llevamos. Te queremos de vuelta. Vivo. Hace como un año nos extorsionaron y nos bajaron 10 mil pesos; decían que te tenían. ¿Quién crees que fue? Uno del barrio. ¡Qué poca!
El góber nos dejó plantados tres veces y pos´ ya ni es gobernador (Humberto Moreira). Recuerdo que una vez nos manifestamos afuera del Crowne Plaza, en Torreón, donde iba a tener un evento. Nos quisieron retirar y al final nos engañaron: nos dijeron que el gobernador nos atendería en el hotel. Nos llevaron a un cuarto y ahí nos hicieron esperar. Jamás llegó.
Tu papá perdió su trabajo. Está hasta la madre del gobierno; del trabajo que le ofrecen, lo traen barriendo calles. Está hasta la madre de las despensas que nos quieren dar, de las becas para tus hermanos. Para qué chingaos queremos eso. Te queremos a ti. A tu hermana también le ofrecieron trabajo.
El pasado diciembre me subió la presión, la azúcar. Tus hermanas al principio tuvieron mucho estrés, sentían que las estaba abandonando; pero no, sólo les digo a tus hermanas que en estos momentos tú me necesitas.
Cuando desaparecieron tú y tu tío Pedro le hablaron a tu papá. Lo más seguro era que fueran las personas que los tienen. Tu papá les dijo que les daba la casa, la camioneta. Nos decían que tú y Pedro les habían robado y que no perdonaban; que no los iban a soltar. Después habló a tu celular Esmeralda, mi cuñada, y le contestó una mujer y dijo que tenía mucho tiempo con el teléfono. Les dijo que éramos muy pobres, que qué querían y sólo se escuchó que la mujer dijo ‘te hablan, que si quieres dinero’. Y luego la voz de un hombre ‘cuélgale, que ya no frieguen’. Eso fue todo. Jamás volvieron a contestar.
Como tres semanas después que desaparecieron, los militares encontraron tu cartera, fotografías y tu celular en una casa de seguridad en Torreón. Me la enseñaron pero no me la quisieron dar. El capitán Mosqueda nos dijo que si estabas tú y tu tío con los Zetas que estaban bien, que los tratarían bien y que al rato los regresaban. Que no nos preocupáramos. Jamás lo volvimos a ver al capitán. A la Fiscalía ya no volvimos. Lo último que nos dijeron era que no había nada, como si se los hubiera tragado la tierra.
Siente uno coraje, resentimiento. Hay nos ayudamos haciendo pan, pidiendo prestado; todo para buscarte. Hemos ido a la basílica; marchas. Casi todos los días andamos de un lado para otro, de viaje en viaje.
A veces siento que andas cerca, aunque no te vea y eso me da alegría. Le hago oración a Dios que por lo menos estés con vida y que tengas el pan de cada día, que tengas que vestir y que Dios te dé un rayito de su luz.
Yo sé que estás vivo y que te veré de vuelta. Nunca he perdido la esperanza. Los tenemos que rescatar, vivos. Como madre siento que estás vivo. ¿Pero hasta cuándo?
Tus papás, Carmen y José
Pedro Ramírez Ortiz, dos años y nueve meses desaparecido
Pedro Ángel, el mayor de tus hijos (16 años) se quiere meter de soldado sólo para buscarte. Ta´ jovencito de a tiro. No lo dejaron alistarse porque le dicen que necesita terminar la prepa, pero está decidido. Tus otros hijos, Dalia, Erick y Francisco, les salieron granitos en el cuerpo. El doctor dice que es por el estrés. Recuerdo cuando nos dijeron que estabas desaparecido, el más chico, Francisco, se puso histérico, se arrancaba los cabellos y se revolcaba en el piso. A llore y llore.
Mi nuera está súper cansada. Se fue a otro estado por las amenazas. Al principio nos amenazaron, nos hablaban y nos decían que nos tenían rodeados, que iban a matar a todos mis nietos, que traían metralletas. Por eso se fue y se hace cargo de una casa hogar. No vuelve porque tiene temor que se lleven también a tu hijo el mayor. Les afectó mucho. Le digo que se venga, que acá come aunque sea unos frijolitos.
Yo sólo le pido a Dios que a quienes te llevaron les toque su corazón. No queremos mal para nadie. ¿Por qué no se llevan tanto drogadicto que hay? Hemos ido con la AFI, la Siedo, con los militares, pero no saben nada. Eso dicen.
Tú sabes que el amor de madre es muy fuerte. Sí estoy cansada, no te voy a mentir. Tengo 63 años y nos hemos aventado plantones de tres horas, marchas, paros. Es cansado pero uno nunca pierde la esperanza. No sé de dónde me salen fuerzas. Les llevamos fotos al ejército, con los federales, en todos lados. Hemos recorridos todos los semefos, los congeladores, nos pasan por computadora.
¿Los de la Fiscalía? Esos no tienen madre. Cuando íbamos el Olivas (Fernando Olivas, delegado en la Laguna) nos preguntaba que qué le llevábamos de nuevo. Hazme el favor, mejor nosotros investigando. La hacemos de detectives. Un día nos dijo ‘yo creo que ya los mataron’.
Por eso cuando estoy sola me pongo a llorar. Siempre pienso en ti y en Armando. A Dios le pido por todos los desaparecidos. Son muchísimos. Dicen que los de la banda te extrañan, que tocar no es lo mismo sin ti.
Nos han dicho que los ven en San Pedro, en Gómez, en Torreón. Aún recuerdo aquella llamada, como tres meses después que se los llevaron. Duraron como una hora sin decir nada. La llamada era de Chihuahua. Yo digo que sí eran ¿Sí escuchaste lo que dije?: ‘Si son ustedes échenle ganas, no están solos. Estamos luchando por encontrarlos. Estamos luchando todo lo que podemos, encomiéndese a Dios, pónganse en las manos del Señor y perdonen todo lo que les hagan. Si son ustedes, las personas que los tienen, no los maldecimos, sabemos que no saben lo que hacen porque no conocen a Dios; pero les pedimos que no los priven de su libertad. Ellos son personas buenas, trabajadores. Vamos a pedir por ustedes, para que Dios toque sus corazones’. Y colgaron.
Cuando hay balazos me pongo de nervios. Ya espero lo que sea. No duermo bien. Cuando como no como bien porque pienso si han comido, si tienen hambre. Siempre estamos con el sobresalto.
Dicen que los traen entre matorrales, que los traen entre los mezquitales. Yo trabajé mucho tiempo en la labor, sé lo duro que es eso.
Vendemos pan, gorditas, hamburguesas, todo pa´ sacar pa´ la búsqueda. Ya vendí los terrenitos que me dejó tu papá. De la pensión le mando 500 pesos a Esmeralda, tu mujer.
De solo ver a mis nietos me da impotencia de no poder hacer nada; me da pendiente que crezcan sin ti. Tu hermana, Carmen, anduvo en diciembre muy enferma. Le dio depresión, pero ya se levantó. No raja.
Sabes que doy catecismo pero ha habido ocasiones en que cuestiono mi fe y le preguntó a Dios por qué yo; por qué yo si tengo años dentro de tu camino. Cómo crees que he pasado el día de la madre. Qué festejo. Cuando es tu cumpleaños me da pa´ bajo.
Siempre estuvimos espiando al Moreira, a que saliera y nunca nos quiso recibir hasta hace como tres meses, ya después de dos años. Sólo nos dijo que le pediría a la Fiscalía que investigara, ¿tú crees? Ya se fue. Dicen que nos van a levantar, pero miedo no tengo, tengo la confianza en Dios. Si nos morimos ¿quién los va a buscar?
Romanita Ortiz, tu mamá.
Daniel Dávila Montalvo, un año y ocho meses desaparecido
Dani: Siento que no tengo ningún motivo para estar viva. Vivo porque estoy viviendo. Soporto el dolor. Siento que estoy en una nube, que camino entre humo. Lo único que me mantiene viva es encontrarte.
Como mamá tengo que hacerme la fuerte para los demás. Me guardo todo mi dolor, mi angustia. La familia se ha unido más. Cuando se derrumba uno, ahí está el otro para levantarlo. Pero algunas veces tengo ganas de que no amanezca, de no despertar. La verdad a veces siento que me rindo.
¿Sabes? Si ya estaba decepcionada de las autoridades ahora lo estoy más. No te ayudan. Te ven como si se te hubiera perdido un chicle. No saben que te quitan a un hijo y te quitan todo. Nada de humanidad. A tu papá lo han invitado a operativos; se me hace que es puro show. Se enfermó de diabetes. Los primeros seis meses en la Fiscalía nos dijeron que no fuéramos a Derechos Humanos, ni a la PGR. En esos primeros meses extorsionaron a tu papá varias veces. Y a los seis meses nos dijeron que ya no siguiéramos, que la lógica es que estés muerto. Eso me pica la cresta, sabes cómo soy de entrona. Ya no creo en nada ni en nadie.
Pero agarro fuerzas de cualquier lado. Nunca voy a estar en paz. Busco que les den un apoyo a tus hijos, aunque sea. Mi nuera ya se regresó con sus papás.
Tu hijo nació bien y se llama Daniel Alonso, como lo habían elegido; ya va cumplir un añito. Tuve mucho miedo porque tu esposa no tenía ganas de nada, le dimos fuerzas para que lo tuviera. La nena ya tiene dos. Tu papá les da una ayuda. El día del padre es horrible; y cómo no va a serlo si ese día te enteraste que ibas a tener otro hijo y me dijiste que iba a ser abuela por segunda vez y a los dos días te llevaron. Fue la última vez que te vi.
Todo es muy doloroso. Trato de fingir que estoy bien, pero cuando estoy sola me desahogo, grito, lloro. Hay días en que me siento agotada. Pienso dónde, cómo estás. Si comes, si duermes. Cómo voy a poder dormir yo, cómo me baño. El primer invierno que pasamos sin ti no quise usar ninguna chamarra porque pensaba que si tú no usabas yo tampoco. Y no enfermé.
En el fondo sé que estás vivo. Por eso hay días en que tomo tu foto y te digo ‘Aguanta Dani, aguanta. Tenemos que salir de esto’. Extraño tu alegría, tus bromas, que me cargues. No pierdas esa alegría tuya.
Tus hermanos, José Ángel (27 años) e Isaac (24) también se enfermaron de diabetes. Qué coraje, el menor tenía un mes de casado cuando despareciste. Le afectó su matrimonio, cómo no si esto cambia la vida: vienes de luna de miel y te desubicas. Esto arrastra a toda la familia. Todo se descompone.
Siento mucho coraje. Dejé mi trabajo como instructora de aerobics. ¿Y cómo voy a ir a motivar a las mujeres, a darles ánimos que yo no traigo? Incluso me siento culpable si en algún momento estoy contenta, si sonrío; me digo que yo no debo sentir esto. Pero poco a poco estoy tratando de volver; gracias a mis hermanas, a mi comadre.
Siento impotencia de saber que hay más muchachos como tú desaparecidos. No me gusta, no quiero derrumbarme. Me da más coraje al saber que hay tanta gente haciéndonos daño. Soy peleonera y cosas así me prenden. La impotencia. ¿Por qué nos hacen esto? Son personas buenas. Quisiera que a todas las esposas de esos muchachos que se quedaron con niños chiquitos, les dieran un apoyo. Tu familia apenas empezaba.
Te desespera que todo vaya tan lento. Me enoja que me digan que esté tranquila. No puede ser que vivamos así.
A raíz de esto me acerqué más a Dios. De hecho, un día soñé que regresabas en taxi a mi casa; ‘amá’ me gritabas. Te veía venir y salía corriendo. Te preguntaba que quién te había traído y me contestabas que ese señor, el taxista, y cuando veía al taxista, era Jesús. Era tan real. Pienso que así va a ser.
Tu amá, Luz
Hugo González Salazar, un año y siete meses desaparecido
Me siento mutilada por dentro. Me siento inútil, Hugo. No sé a quién hablarle, a quién tocarle, dónde buscar. Todos los días me levanto y digo ahora a quién le pregunto. Pero tengo mucha fe en Dios. A cada joven que veo siento ganas de abrazarlo, pienso que eres tú, y cómo no si apenas tienes 25 años. Tu papá tiene miedo, pero no nos podemos quedar cruzados de brazos: Si las perras cuidan sus crías, cómo no lo voy a hacer yo.
A raíz de lo tuyo no he tenido ganas ni de bañarme, no sé si te cepillas los dientes, si te cortas las uñas; yo por eso me descuidé mucho. Y por eso dejé el preescolar. No tengo humor de nada. Me siento culpable de no encontrarte. Pero no quiero que el día que aparezcas me reclames por qué no fui allá, por qué no te busqué acá.
Aún recuerdo el día que desapareciste, que no quisiste ir al trabajo porque ya te querías salir, porque querías buscar ya algo de tu carrera. De haberlo sabido te obligo a que fueras.
Sé que te querías independizar, ¿pero que no me hables? Si tú siempre estabas al pendiente de mí; siempre tan dispuesto. Dime, Hugo, aquella vez que te conectaste al Messenger y platicaste con tu prima, ¿sí eras tú? ¿Sí eras tú el que nos mandaba decir que nos querías y que nos pedías perdón? ¿Perdón de qué, de qué, Hugo? Ya no sé qué tan confundida esté yo del dolor tan fuerte. Tu papá siempre nos pide que tengamos prendida la computadora; cree que por ahí te vas a comunicar.
A las autoridades les hemos proporcionado todos los datos que hemos recabado; con quién andabas, con quién te vieron por última vez. ¿Quién es esa amiga con la que te vieron por última vez? Pero nada. No tienen ni sentimientos. No sé qué harían ellos si se llevan a uno de sus hijos. Veo a los políticos en sus camionetas y digo que no es justo, siento impotencia cuando me quieren dar 500 pesos. ¿Y mi hijo?, les digo. Siento odio y rencor contra ellos. También siento miedo que con la mano en la cintura me quitaron a un hijo, con la otra me quiten a los otros. Pero mi vida ya no me importa arriesgarla, pero mis hijos sí. Yo no tengo miedo. No es justo que nosotros que votamos por ese gobierno estemos sufriendo. A lo mejor yo fui a votar por el candidato que nos hizo daño. Siento rencor y odio muy grande contra esa gente. Hasta le he dicho a mi esposo que busquemos a Memo (Guillermo Anaya, candidato a la gubernatura del estado) y que trabajamos con él y votamos por él si te regresa.
Hijo, hay veces en los que no sé qué hacer. Hemos repartido volantes, pancartas, hemos hecho lonas, hemos andado en los cruceros. En una ocasión sonó el teléfono a la media noche y colgaron. Era una lada de Guadalajara. Dos días pasó igual y decidí marcar al número. Me contestó un chavo y le pregunté que porque hablaba, que quién le había dado el número. Me dijo que se lo había dado una amiga en la central, después que se lo pasaron por computadora. Preguntó que si era abuela de Natalia, pero cómo la va a conocer si ella tiene dos años. Le pregunté por ti y me colgó. Después habló tu tía Tere. En la Fiscalía les di el número pero no hicieron nada. En Telcel tampoco me quisieron ayudar. ¿Dónde estás, quién era él?
Siento que si algo te pasó fue por buena gente. Creo que confiaste en alguien que se aprovechó. Dicen que te fuiste por voluntad propia. Yo les digo que no te creo capaz y que si es así, que te traigan aunque te vuelvas a ir. Me siento mal de pensar de dónde viene el dinero de las becas, porque a lo mejor ellos son y nos están dando algo pero en realidad te arrebatan un hijo. Me siento tan impotente cuando me quieren dar un tinaco, una despensa. Eso no me va a quitar el dolor que tengo. Quiero ir a plantarme en un puente y hacer una pancarta grande para que me hagan caso. Pero la autoridad te mete miedo: son personas sin moral, sin escrúpulos, sin sentimientos. Al comandante le dije una vez que ojalá y nunca esté en nuestra situación, porque aún haya sido el peor de los hijos, los vamos a buscar.
Bibiana, tu hermana, ya está a punto de terminar su carrera. Ella te ha sufrido mucho. Ya no quería regresar a la escuela. Quería irse a un convento porque no le veía caso seguir, ya no quería nada con la vida. Pero le dije que su vida no terminaba, que tenía que casarse, tener hijos, vivir la experiencia de ser mamá. Esos sí, su vida social terminó. Cuando llega a la casa su vida se acabó. Lo que sigue es dolor, incertidumbre. La otra noche te soñó en una plaza, que le decías que estabas bien, que ya no insistiéramos. Beto, tu hermano mayor, no me pregunta nada. No sé, creo que lo hace para no angustiarme más.
Llega la noche y es como el bálsamo para el dolor, pero apenas abre uno los ojos y es la misma impotencia de decir para dónde voy ahora. A seguir buscando. Siento un enorme vacío. En la casa se respira dolor, soledad.
Hace días entré a tu recámara. Aún está intacta. Veo tus cosas y las veo tan normales que sé que vas a volver. Un día pensé en pintarla, pero mejor no. Quiero que cuando regreses veas que todo sigue igual.
María Elena, tu madre
Uno, dos, tres años y contando…
Siguen sumando casos y promesas y no hay avances en ningún caso.
De acuerdo con el Sistema Nacional de Seguridad Pública, entre 2005 y 2010, en Coahuila los secuestros y privaciones ilegales de la libertad, se incrementaron 1,300 por ciento.
En 2009 el fenómeno provocó la creación de las Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos y Desaparecidas en Coahuila (FUUNDEC), una organización que reúne a las familiares de desaparecidos en el estado. A la fecha la asociación tiene adheridos 118 casos; aunque decenas de familias siguen sin denunciar. Una fuente del estado confirmó a éste medio que la cifra de desaparecidos asciende a más de 700 personas, tan solo en la región Laguna.
Durante los últimos tres años, el ex gobernador y hoy presidente electo del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Humberto Moreira, dejó ‘plantadas’ a decenas de familias en tres ocasiones, sin importar que muchas de ellas viajaron a Saltillo desde municipios diversos. Incluso, el ocho de enero cuando el gobernador con licencia se registró como candidato único a dirigir al PRI, un grupo de familiares de desaparecidos se manifestaron con pancartas afuera del evento. Los mismos fueron desalojados por granaderos sin que los medios tomaran nota.
El sábado 15 de enero, las familias lograron reunirse con el actual gobernador, Jorge Torres López y el Fiscal Jesús Torres Charles, de quien las familias han pedido su destitución. A la reunión acudió por primera vez el delegado en Coahuila de la Procuraduría General de la República (PGR), José Rolando Gómez Llanos Aispuro, con quien se acordó realizar un convenio de colaboración con la Fiscalía General para las investigaciones.
Las familias adheridas a FUUNDEC buscan que las autoridades en Coahuila se declaren “incompetentes” para que los expedientes pasen a manos de la PGR y después, de ser posible, a instancias internacionales. La consigna es clara: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”.
