Cumplo mi cuarto día en un sitio donde pude una vez emigrar, y que hoy me recibe de paso; una ciudad monumental, caótica, desmesurada, como si la extensión sobre la altiplanicie pretendiera llenar un vacío en una forma barroca contemporánea. De día, sentado en la cocina mientras tomo una taza de chocolate, he sentido repicar en la calle las estridencias del carro de la basura. Todo en el Distrito Federal es estridencia: las voces de los comerciantes, los conductores gritando, los atestados comercios, los colores y olores, la brutal uniformidad de ciertas expresiones, la risa y la alegría, el horizonte volcánico, la fértil imaginación. También las esperanzas y los silencios.”
Félix era doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad Autónoma de Barcelona, y en el momento de su muerte trabajaba en el Departamento de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid. Murió el martes 12 de junio. Me enteré porque una amiga que teníamos en común, Charlene Dilla, me mandó un mensaje muy doloroso a Facebook.
Me dolió mucho la muerte de Félix. No lo conocía, no era mi amigo, pero que viniera a encontrar la muerte aquí, en este país, hizo que me sintiera responsable. Qué vergüenza, pensé, qué pena que como país no podamos ofrecer un entorno seguro a quienes nos visitan ni a quienes vivimos aquí.
“El joven profesor y poeta cubano Félix Ernesto Chávez López falleció este martes en la Ciudad de México, víctima de las heridas sufridas durante un violento asalto. Chávez, de 35 años, recibió 17 puñaladas al tratar de defender a su familia durante un robo con violencia ocurrido en el barrio Colonia del Valle. Su tío, Ismael Martínez Venegas, de 65 años, y dos mujeres fueron asesinadas por los asaltantes.”
Seguro hubiéramos sido muy buenos amigos, de conocernos. Leo que sus líneas de trabajo eran la literatura escrita por mujeres en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Al fallecer trabajaba en el rescate de la generación de autoras románticas cubanas y españolas poco reconocidas.
Su nombre literario era Félix Hangelini, autor del ensayo La construcción de las olas (2003) y del poemario La Devastación; la imaginación de la bestia (2006). Escribió además Restauración de la luz, con el que quedó finalista del Premio Internacional Sant Jordi de Poesía 2007.
Y murió en mi país de una manera violenta. Un accidente, una tontería, una tragedia. Sólo estaría aquí unos días.
El destino no existe, me dijo mi maestro de budismo cuando lo cuestioné al respecto. Existen entramados de circunstancias que, cuando son adversas, provocan estas tragedias. Y en México hoy día vivimos en un entorno de violencia, un caldo espeso en el que fermentan estos hechos terribles que duelen a muchos.
Félix encontró en la Ciudad de México la estridencia del silencio.
