Una carta-epílogo en tres partes y apenas una serie de comunicados de periodicidad irregular son los objetos que se pueden estudiar con la razonable pretensión de ser depositarios del pensamiento de los secuestradores. No obstante que se trata de pocas piezas de análisis, el debate que suscitan es mayor: ahí donde Julio Hernández López, en su columna Astillero, vio una “fraseología de izquierdismo simplista” (La Jornada, Dic. 21, 2010), el analista Guillermo Almeyra identificó cinco días después en el mismo diario individuos que escriben con “un castellano culto y correcto, sin los delirios y los chistes chafas de los iluminados ni los tics ideológicos de los mal bañados en un marxismo elemental” (“Los misteriosos “Misteriosos”, La Jornada, Dic. 26, 2010). La pregunta a responder pues, no era quiénes son los autores de las misivas, sino más bien cómo es que piensan.
Julio Hernández López dice que los Misteriosos Desaparecedores desarrollan una:
“caricaturización de la disidencia, con injertos de posturas de López Obrador y Marcos, entre otros: del Nosotros los pobres y ustedes los ricos al análisis-denuncia parcial y elemental”.
Almeyra por su parte dice que:
“se ve que han tenido algún conocimiento del marxismo en una corriente dogmática –ya que hablan de los clásicos sin referirse, evidentemente, a Calderón de la Barca ni al Quijote- pero su concepción de la violencia no es la del marxismo (que justifica la violencia de masas, pero rechaza la individual) sino la que los enemigos del marxismo atribuyen a éste, o la de los anarquistas bakuninianos”.
Más escueto en este terreno, Carlos Fazio nota un “lenguaje ideológico de cierta izquierda” (“De misterios y apariciones”, La Jornada, Dic. 27, 2010) y José Blanco cierra descalificando la totalidad del comunicado en todas sus partes al que califica de “un documentito de izquierdismo light” (“Los Desaparecedores desaparecidos”, La Jornada, Dic. 28, 2010).
Los cuatro analistas dan cuenta texto en cuestión a partir de las posibles motivaciones que pudo tener y/o sus impactos políticos, Luis Hernández Navarro más que Guillermo Almeyra y José Blanco más que Carlos Fazio. En los cuatro casos se diluye en el fondo una última posibilidad que el texto de Guillermo Almeyra alcanza a insinuar: aquella que favorecería el principio de la Navaja de Occam: ¿qué pasaría si los comunicados de los Misteriosos Desaparecedores fueran legítimos? Sobre esta idea se desarrolla la reflexión del último de los analistas que referiremos. Luis Hernández Navarro dice:
“En Epilogo de una desaparición hay una visión de la realidad política nacional muy estructurada. Están allí muchos de los debates que han atravesado la izquierda nacional en los años recientes, desde los fraudes electorales hasta el Fobaproa. El lenguaje que utiliza, la concepción política que expone, el análisis de la coyuntura que realiza son producto de alguien (un colectivo o una persona) que ha seguido muy de cerca lo sucedido en México en los 22 años anteriores. No hay en su redacción nada que lo emparente con alguna organización político-militar extranjera”. (“Los Misteriosos Desaparecedores”. La Jornada. Dic. 28, 2010)
Sobre el supuesto de que los textos son legítimos -es decir, que fueron redactados efectivamente por quienes dicen haberlos redactado y por los motivos que dicen haberlo hecho- ¿qué se puede saber sobre su forma de pensar? En su artículo Guillermo Almeyra advierte desde el principio respecto al que a su juicio es el principal de los errores: “juzgar a los demás sólo por sus palabras”. Tiene razón, aunque si bien es cierto que el análisis del discurso tiene sus límites, también lo es que no se trata de un ejercicio estéril: mucho se puede saber sobre la forma de pensar de un autor siguiendo las pistas que se dejan en su forma de escribir.
¿Qué hay que decir respecto de la forma en que está escrito el Epílogo de una desaparición?
2. La forma: Un epílogo por dos autores en tres partes
Aunque de los analistas citados arriba sólo Luis Hernández Navarro exploró la posibilidad de autores múltiples, incluso él olvidó comentar un aspecto evidente: la calidad de la prosa es desigual a todo lo largo del comunicado de los Misteriosos Desaparecedores. De los desequilibrios –por demás diversos e importantes- se sugiere que el texto Epílogo de una desaparición fue escrito al menos por dos autores, uno que redactaría las partes 1ª y 3ª y otro que se habría encargado de la 2ª (con ayuda del primero se adivina, ya que existen desbalances de calidad de la redacción de un párrafo a otro de esta sección).
Una de las áreas en la que se presentan estas diferencias es en cuanto a estilo. La 1ª la 3ª parte tienen un estilo culto y hasta elegante (p.e. ambas secciones comienzan con epígrafes mientras que la 2ª carece de ellos). En el primer caso (1ª y 3ª) el desarrollo de los argumentos y la construcción de los párrafos evidencian sólidas lecturas, periodísticas, sí, pero también académicas y literarias (particularmente en la 1ª parte). ¿Y cómo es el estilo de la 2ª parte? Es más simple, más llano, más propio de quién sólo lee diarios y revistas políticas pero no ensayos, estudios o libros de mayor extensión, profundidad o alcance intelectual. Así mismo, la riqueza del lenguaje es mayor en las partes 1ª y 3ª mientras que es más pobre en caso de la 2ª.
Expresiones con pretensiones irónicas o ácidas como “Si recortamos nuestra descripción a los últimos 25 años… ¡qué curioso! Encontramos a los mismos delincuentes que habíamos denunciado antes y entre ellos a Diego Fernández de Cevallos” serían impensables en las partes 1ª y 3 puesto que estas últimas proyectan al lector un carácter más sobrio. El tono de la 2ª parte más que analítico y argumentativo, es descriptivo y anecdótico.
Diversos elementos dejan claro que el autor de las partes 1ª y 3ª tiene más costumbre y oficio en el análisis y la redacción que quién escribió la 2ª. Dos elementos a modo de ejemplo: el uso de las comas y de las comillas. En el primer caso (el del autor de las partes 1ª y 3ª) el uso de las comillas es exacto y pertinente en todos los casos al momento de expresar ironías y resaltar eufemismos e hipocresías (3 ejemplos –divididos por diagonales: “…es la violencia estructural “invisible” presentada siempre como “estragos”… / … los gobernantes quieren que creamos en los “avances” y en la “modernidad”… / … no distinguen en sus círculos entre quienes “respetan las leyes” y entre quienes no lo hacen”). Es importante notar que en el uso de este recurso fallan con frecuencia incluso redactores profesionales en medios de comunicación. El autor de la 2ª parte utiliza mucho menos el recurso de las comillas y cuando lo utiliza, lo hace mal (salvo en la cita textual “Para Diego Fernández de Cevallos. Con gratitud y cariño. G. Prigione”). Del mismo modo, el uso de comas parentéticas, en general, es frecuente y pertinente en las partes 1ª y 3ª mientras que en la 2ª es más escaso y cuando presente, resulta torpe en general.
A grandes rasgos se podría decir que quién redacto las partes 1ª y 3ª escribe pensando en el lector -es decir, escribe “para ser leído”- mientras que quién redacto la 2ª lo hace sólo “para expresar una idea”. La diferencia es muy clara: no obstante que en el primer caso las reflexiones son más complejas, se siguen con facilidad debido a que están articuladas en frases y párrafos bien construidos; en el segundo caso, pese a que los señalamientos son más directos -más concretos, menos abstractos- a veces resultan vagos pues los párrafos abordan ideas o temas que, o no se desarrollan hasta el final, o se mezclan con otros temas asociados pero distintos (p.e. “Salinas impuso transformaciones (diseñadas desde la cúspide del poder capitalista) en sintonía con Estados Unidos, que no ha abandonado su histórica política intervencionista, apoyado por la élite empresarial y política mexicana de su partido (PRI) y algunos importantes aliados políticos; ha permanecido tras bambalinas desde que dejó la presidencia”).
Las partes 1ª y 3ª fueron escritas con mayor cuidado, tienen un ritmo más reposado y son más sólidas en fondo y forma que la 2ª. En la 1ª parte se encuentran conceptos cargados de contenido técnico cuyo manejo requiere estudios formales en ciertas disciplinas pertenecientes a las ciencias sociales. A continuación seis ejemplos -se resalta el concepto clave en itálicas y se dividen los ejemplos con diagonales: “…los grupos privilegiados, se benefician funcionalizando la pobreza al máximo” / “Quienes encabezan al Estado sostienen discursivamente…” / “…construye el argumento de legitimidad…” / “…la socialidad no debe existir para someter…” / “…ejercer al violencia como una adecuación social…” / “El Estado construye toda disidencia como enemigo exterminable”. No cualquiera utilizaría con propiedad –como es el caso- conceptos como estos -que además sólo existen en las partes 1ª y 3ª pero no en la 2ª.
Junto con el lenguaje técnico -“de alta escuela” podría decirse- el autor de las partes 1ª y 3ª cuida también el correcto uso de las expresiones; así por ejemplo en lugar de escribir “en base a” tan socorrido por muchos, utiliza “con base en” –que es más correcto y que, una vez más, pasan por alto con frecuencia redactores profesionales. El autor es duro en sus críticas pero no totalitario como lo demuestran ciertos matices en partes medulares de su argumento, por ejemplo, cuando habla de la clase política “…incluso, es posible afirmar que la alta burocracia y los sectores reaccionarios de la clase política son quienes forman parte de las mafias más criminales en nuestro país”. Así que no se está refiriendo a toda la burocracia –sólo a la alta- ni está descalificando a toda la clase política –sólo a la reaccionaria.
El pensamiento del redactor de las partes 1ª y 3ª parece más autosuficiente e independiente que el de quién escribió la 2ª parte; de hecho, este último, más que independencia de análisis o juicio propio, se limita a repetir las críticas y observaciones que se publican regularmente en la prensa de oposición. El reflejo condicionado de mucha de la crítica superficial de izquierda de culpar al “capitalismo” aparece una sola vez en todo el Epílogo de una desaparición y es precisamente en la 2ª parte (“… diseñadas desde la cúspide del poder capitalista…”).
Ahora, como ya se apuntaba, la 2ª parte del Epílogo tampoco fue escrito en su totalidad por una sola persona pues las huellas del redactor de las partes 1ª y 3ª son evidentes en este texto también. Si ya había un desequilibrio de calidad entre las partes 1ª y 3ª respecto de la 2ª, en esta última existe también un desequilibrio de una sección a otra: algunos párrafos están bien escritos y otros no. La marca del redactor experimentado de las secciones 1ª y 3ª es evidente, entre otros, en el último párrafo de la 2ª parte.
Si bien los agravios denunciados en el Epílogo de una desaparición son muy claros (“…traficante de influencias, un mercenario de los juzgados, un legislador a sueldo, un rentista de la crisis…” etc.), la redacción del texto es desenfadada en general y alejada de discursos dogmáticos, anquilosados y anacrónicos más característicos de movimientos del pasado.
Finalmente, la recurrencia en la 3ª parte de formas literarias (p.e. los epígrafes), expresiones estilísticas (“…la convicción de que si quienes somos pueblo…”), conceptos técnicos (“El uso constructivo de la violencia”) y expresiones gramaticales (…con base en los resultados..) ya vistas en la 1ª parte con mayor profusión, confirman autoría de un mismo sujeto.
Pero también hay diferencias entre la 1ª y la 3ª parte.
La 1ª parte, más que una proclama política (p.e. Manifiesto Comunista) o revolucionaria (p.e Primera Declaración de la Selva Lacandona) parece un texto escrito con la intensión de explicar el por qué de las cosas -de hecho, es semejante, en cierto sentido, a los ensayos que se pide a los candidatos como requisito de ingreso a programas de postgrado en centros universitarios. En esta lógica -y sólo como ilustración- frases en tercera persona del tipo “es una mentira que nos hemos propuesto derrumbar” bien podría ser sustituida por “es la hipótesis que nos hemos propuesto refutar” (frases de esta naturaleza serían impensables en la 2ª parte del texto). En cuanto a la 3ª parte, el epilogo del Epílogo, pareciera ser que fue escrito con la misma intención que la 2ª: denunciar la vida y obra del plagiado Diego Fernández de Cevallos, pero con ciertas diferencias. La 1ª parte ofrece las reflexiones y fundamentos teóricos como marco legitimador de las acciones; la 2ª hace una descripción más o menos lograda de las faltas del plagiado y la 3ª sintetiza las dos anteriores: ofrece una primera evaluación del impacto de la acción y reafirma la legitimidad de la causa que dicen defender. En este sentido, aunque fueron sin duda escritas por el mismo autor, la intención y el contenido de la 1ª parte es más “teórica-ideológica” y el de la 3ª más “política” -y esto por cierto podría explicar el por qué, pese a tener el mismo autor, la 1ª parte es más rica conceptualmente en términos académicos y literarios que la 3ª.
Algunos comentarios más podrían agregarse respecto a la forma en que está redactado el Epílogo de una desaparición; y de hecho, su análisis se vería muy enriquecido si se tomasen en consideración –que no lo haremos por cuestión de tiempo y espacio- los comunicados de los plagiarios difundidos de forma previa a la liberación de Diego Fernández de Cevallos.
Suficiente de la forma. En cuanto al contenido ya algo ha sido señalado por los analistas de La Jornada que citamos líneas arriba, pero más puede ser dicho todavía.
3. El contenido de la 2ª Parte y el “izquierdismo simplista o light”
Andrés Manuel López Obrador, Anabel Hernández y la prensa crítica
La 2ª parte del Epílogo a una desaparición no es tan interesante en términos de un análisis de contenido. Como ya se dijo, las referencias intelectuales son claramente la prensa crítica (p.e. el diario La Jornada y la revista Proceso –esta última además, presente en fotografías liberadas durante el cautiverio de Diego Fernández de Cevallos) y muy claramente dos obras de reciente aparición.
La primera de estas obras es Los Señores del Narco (Ed. Grijalbo, México, 2010) de Anabel Hernández. El séptimo párrafo de la 2ª parte del texto de los plagiarios no es más que una síntesis –y hasta eso, mal redactada (“Su relación con la muerte del Señor de los Cielos (desmentida por García –sic- Calderoni) y haber…”) de los capítulos 4 y 5 (pp. 117-199) de dicha obra. La segunda obra referida por el autor de la 2ª parte del texto es también identificable de inmediato. Dicen los Misteriosos Desaparecedores: “la mafia ha sido enumerada en las cartas elaboradas y dirigidas por el propio Diego a sus “benefactores”. A esta frase sigue luego una lista de empresarios y políticos. Si bien es cierto la palabra “Mafia” no es propiedad de nadie, su asociación con los personajes mencionados es casi el sello distintivo del discurso político de Andrés Manuel López Obrador, quién en su libro La mafia que se adueñó de México… y el 2012 (Ed. Grijalbo, México, 2010) enlista a los integrantes dicha mafia (pp. 43-44). Salvo algunas excepciones, la lista del político y aquella del autor de la 2ª parte del comunicado coinciden ampliamente.
Así pues, si alguna parte del Epílogo de una desaparición justifica la “fraseología de izquierdismo simplista” que critica correctamente Julio Hernández López y que siembra la idea de “un documentito de izquierdismo light” como lo describe con ironía -pero con tino- José Blanco, es precisamente la 2ª; no porque los autores o los contenidos de las obras referidas sean banales, sino porque el abordaje que de ellas hace el escritor de la 2ª parte del Epílogo lo es.
Pero este no es el caso de la 1ª y la 3ª parte. Si las referencias intelectuales de la 2ª parte son Andrés Manuel López Obrador, Anabel Hernández y la aparente lectura –eso sí, constante- de La Jornada, Proceso entre otras publicaciones, las partes 1ª y 3ª son más interesantes al ser más varias, más ricas y más profundas.
4. El contenido de las Partes 1ª y 3ª, algunas referencias:
Marcos, Marx, Fanon, Brecht
El Sub Comandante Marcos, Marx, Franz Fanon y Bertolt Brecht son nombrados por los analistas arriba reseñados como referentes intelectuales del (los) autor(es) de los comunicados. Efectivamente hay rastros de todos ellos. A continuación, un breve desarrollo para los no-enterados de aquellos elementos que a vuelo de pájaro detectaron todos los colaboradores de La Jornada.
Del Sub Comandante Marcos se distinguen algunos giros estilísticos (“¿Qué es lo que hace que siendo Ellos tan pocos, puedan someter a tantos Nosotros?” o “…violento no es sólo lo que muestran los muertos, violento es también lo que ocultamos los vivos” y naturalmente el “¡Ya Basta!” –con mayúsculas y signos de admiración) y la recurrencia, una y otra vez al discurso de alteridad (“La sociedad mexicana, como podemos ver, está dividida en dos: Ellos y Nosotros, Ellos ricos y Nosotros pobres”). De Marx se tienen las referencias en todo el texto, en diferentes puntos y con diferentes formas; así se encuentran referencias a la lucha de clases (“…un restringido número de familias que encabezan el control del poder, la clase privilegiada…), pero también al movimiento progresista de las fuerzas de la historia y la necesidad de la violencia para el cambio social (“Por paradójico que parezca, la historia de la humanidad demuestra que, para generar las condiciones humanas de existencia, se necesita en ciertos momentos ejercer la violencia como una adecuación social que hace permisible terminar con ciertas formas de vida para generar otras”) -justificación de la violencia que, como ya lo apuntaba Hernández Navarro, nos remite a su vez a Franz Fanon (e incluso a quién le prologara su libro, Jean Paul Sartre). Y está Bertolt Brecht, que es el primer autor al que recurren en el epígrafe y al único al que los Misteriosos Desaparecedores refieren por su nombre.
Pero existen, naturalmente, otros referentes intelectuales además de los mencionados. En la redacción de los Misteriosos Desaparecedores existen rastros de ellos aunque sin mención explícita alguna, y su presencia fue apenas insinuada por alguno de los columnistas del diario. ¿Quiénes son?
5. El contenido de las partes 1ª y 3ª, algunas referencias más:
Bonifaz Nuño, Weber, Chomsky y Kant
Además de las lecturas señaladas e identificadas por los analistas de La Jornada, en el Epílogo de una desaparición se detecta la huella de otros tantos autores. Si la 1ª parte comienza con una cita de Bertolt Brecht, la 3ª lo hace con el Art. 39 de la Constitución Mexicana y con un fragmento del poema “Los demonios y los días” de Rubén Bonifaz Nuño. La definición del Estado de Max Weber aparece también sin ambages (“…que Ellos sean los que poseen el monopolio total y definitivo del uso de la violencia y la ejerzan “sólo cuando es justo y necesario” en aras del “bien para todos”…”). Y la definición de democracia según Noam Chomsky es parafraseada casi de forma textual (“…la actividad política debe construirse con otro sentido, considerándola como la capacidad de todos para decidir de manera real y directa sobre los asuntos de la vida en sociedad…). Immanuel Kant por otra también se hace sentir en el texto (“Quienes encabezan al Estado sostienen discursivamente que procuran alcanzar “la paz perpetua y el bienestar”)
Al fin, ocho referencias son inconfundibles; se podrían agrupar por segmentos. Un bloque estaría compuesto por teóricos sociales (Immanuel Kant, Carlos Marx y Max Weber), otro por literatos (Bertolt Brecht y Rubén Bonifaz Nuño), otro por rebeldes antí-sistémicos tanto en la teoría como en la práctica (Franz Fanon, Noam Chomsky y el Sub Comandante Marcos) y uno más en el que se podrían agrupar las lecturas de la prensa crítica que hemos sugerido como posibles y probables (La Jornada, Proceso incluso los textos citados de Andrés Manuel López Obrador y Anabel Hernández).
Sobre el supuesto claro de que el autor de las partes 1ª y 3ª tendría todas estas lecturas (incluyendo como es de suponerse las que se atribuyen al autor de la 2ª), y considerando todos los nombres y referencias en conjunto, se puede ya definir el perfil intelectual del autor de las partes 1ª y 3ª del Epilogo de una desaparición, perfil que dicho sea de paso, tendría muy poco de simplista o light.
Pero queda un nombre pendiente ¿qué hay de Bakunin?
6. Una confusión: ¿Bakunin? No, Galtung
Bakunin fue sólo una confusión. Ahí en donde Guillermo Almeyra vio la concepción de la violencia que sus enemigos le atribuyen al marxismo –la de “los anarquistas bakuninianos”- lo que hay en realidad es la tipología de la violencia del fundador de los Estudios de la Paz, el teórico noruego Johan Galtung. La tipología de la violencia de Galtung se compone de tres elementos: violencia directa, violencia estructural y violencia cultural, todos, presentes en la misiva de los plagiarios. Dicen los Misteriosos Desaparecedores: “Así, la violencia visible-directa, la invisible-estructural (de la que parece no haber ningún responsable) y la cultural son promovidas y sustentadas por los gobiernos…”. Incluso el uso de los guiones asociativos (“visible-directa”, etc) fueron tomados prácticamente de forma textual de las publicaciones del sociólogo nórdico. Y lo mismo pasa con las definiciones de cada una: tanto en el caso de la violencia cultural (“… esta difusión forma parte de la violencia cultural que promueve, legitima y justifica la violencia directa que el gobierno sostiene…”) como en el de la violencia estructural (“Sin embargo, la violencia más sofisticada… la que menos reconocemos como violencia, es la que parece no venir de ninguna persona; es la violencia estructural “invisible” presentada siempre como “estragos”, “golpes” o “crisis internacionales”). ¿La bibliografía básica? De Johan Galtung el libro Trascender y transformar: Una introducción al trabajo de conflictos (Ed. Quimera, México, 2004) traducido al español por quien esto escribe.
7. Algunas conclusiones
El principio de Occam sostiene que ante dos explicaciones posibles con las mismas consecuencias, la más sencilla es la más correcta. Sobre esta base hemos dado por sentado que los comunicados de los Misteriosos Desaparecedores son legítimos, por ende, que Diego Fernández de Cevallos fue efectivamente secuestrado y que sus secuestradores tenían motivos políticos y no sólo financieros.
El Presidente Felipe Calderón ha dicho que lo contenido en el Epílogo de una desaparición “es puro rollo”. Está equivocado. De ser como el presidente afirma ¿no habría sido suficiente una declaración y/o posicionamiento político –tal y como lo hacen los movimientos armados ortodoxos de cuando en cuando- en lugar de una redacción de trece páginas en tres partes con epígrafes de Bertolt Brecht y Rubén Bonifáz Nuño? Si cada comunicación es una pista para las autoridades, entonces 13 páginas son, sencillamente, demasiadas pistas liberadas de forma innecesaria; después de todo, no por acompañar la liberación del ex senador con un comunicado bien escrito, bien fundado y extenso el Estado va a ser más benevolente con los plagiarios. Además, si como sostiene el Presidente, la totalidad del Epílogo no es más que una farsa para tratar de dar un recubrimiento de legitimidad a algo que de suyo no es más que una acción del crimen organizado ¿por qué entonces la víctima endosa el peso de la convicción y motivación ideológica y política de sus secuestradores -con quienes dicho sea de paso “convivió” por un espacio de 7 meses- incluso con superlativos al decir:
“Por un lado, desde luego, el reclamo de una cantidad, pero también tuvo una marcadísima connotación política, supuestamente por cuestiones ideológicas”
Al Presidente pues, lo refuta el propio Diego Fernández de Cevallos. Y entonces esa sería la primera conclusión: el presidente está equivocado. Cinco conclusiones más, expresadas en su forma negativa, serían las siguientes
Primera.- El Epílogo de una desaparición no un documento propio (ni acostumbrado ni necesario) de un grupo del crimen organizado (más fácil y seguro habría sido no escribir nada).
Segunda.- El lenguaje de los Misteriosos Desaparecedores no es el propio de una guerrilla clásica “de inspiración marxista” en el sentido acostumbrado por la prensa.
Tercera.- Pese a participar en actos extremos y casi inconcebibles (el secuestro es extremo en sí mismo, pero secuestrar a Diego Fernández de Cevallos fue una acción casi demencial) el discurso del escritor de las partes 1ª y 3ª no es el propio de un fanático irracional o irreflexivo.
Cuarta.- Quién escribió el grueso del Epílogo de una desaparición no es un recién llegado a las letras ni a la literatura y no tiene un dominio superficial o simplista de sus teorías.
Quinta.- El Epílogo de un secuestro no es un documento elaborado para ser tan solo un distractor. Más sencillo y seguro habría sido difundir una proclama política trivial, o sencillamente -como ya se apuntaba- no escribir nada; en otras palabras y por oposición: el que lo escribió tenía la necesidad de decir algo; ¿decir qué? exactamente lo que escribió y tal vez algo más… pero nada menos.
Mas, muchas más conclusiones pueden derivarse de este análisis, y ya no expresadas en términos negativos (es decir, en términos de lo que no son) sino en términos de lo que tanto el Epílogo de una desaparición y como los Misteriosos Desaparecedores efectivamente son. Este autor tiene sus propias conclusiones, pero es tarea del lector llegar a ellas, o a otras, a las suyas. Como ya se señalaba, más elementos que no fueron abordados aquí podrían incluirse –por ejemplo, los comunicados emitidos antes de la liberación del secuestrado.
Como sea es importante notar que un contenido se puede evaluar no sólo por lo que está presente, sino también por lo que está ausente y hay ahí un Marx ausente. ¿Cuál? el de las versiones duras y ortodoxas; se trata del discurso marxista que se desarrolla por medio de descripciones en términos de “explotadores”, “explotados”, “burguesía” y “dictadura del proletariado”. Nada de esto aparece ni una sola vez en el documento liberado por los Misteriosos Desaparecedores.
Tomando en cuenta lo anterior y tomando en cuenta el hecho de que Diego Fernández de Cevallos fue liberado sin daño físico alguno, en buen estado de salud y entero (en un tiempo y un lugar en el que la delincuencia tortura, mutila, despedaza –literalmente- y asesina a sus víctimas); tomando en cuenta también que el medio es el mensaje y tomando en cuenta que los plagiarios hicieron “uso de la espada” al mínimo indispensable y que hicieron “uso de la pluma” al máximo posible (¿cómo los zapatistas cuando privaron de la libertad al general Absalón Castellanos en 1994?); tomando en cuenta esto y tomando en cuenta también que a pesar de que la influencia de Maquiavelo es patente -en la idea de que “El fin justifica los medios”- el más instruido de los autores del Epílogo de una desaparición está versado en Estudios de la Paz por los textos de su fundador, Johan Galtung; tomando en cuenta todo lo anterior y algunas cosas más, aventuramos sólo una conclusión, a nuestro juicio, la más importante: aunque extremistas y radicales, entre los Misteriosos Desaparecedores hay al menos un sujeto que es reflexivo, que no tiene nada de fanático, que es culto y que es alguien, pues, con quién se puede dialogar.
Por descabellado que parezca, el diálogo abierto y sincero con los plagiarios de Diego Fernández de Ceballos es posible y necesario; los Misteriosos Desaparecedores no surgieron de la nada ni hicieron lo que parecía imposible sin motivo (cierto, 30 millones es suficiente para algunos, pero bien habrían podido secuestrar a otro miembro “de la mafia” por el mismo monto y corriendo menos riesgos). ¿Qué el diálogo no va a resolver los problemas que dieron origen a la Red Por La Transformación Global? Es verdad, el diálogo no lo es todo, pero sin él nada es posible.
Los Misteriosos Desaparecedores tenían algo que decir ¿qué cosa? Exactamente lo que dijeron en el Epílogo de una desaparición, tal vez tenían algunas cosas más, pero nada menos. Se metieron en demasiados problemas para decirlo. Más vale escuchar.
