Me duele México, me duele Latinoamérica, me duele el horror que cada día chorrea de las páginas de los periódicos y mancha hasta lo más puro. Sin embargo no nos rendimos. De duelo, entre lágrimas y malheridos levantamos la cabeza para contar lo que otros han silenciado. Ahora somos la voz que sale de los agujeros de las balas. Y somos muchos y estamos por todas partes: los que no deberían poder dormir por la noche son ellos.
