NUESTRA APARENTE RENDICION

Poemas de Pablo Escobar

Multiplícame cuando sea necesario;

has que desaparezca

cuando sea menester.

Conviérteme en luz cuando sea sombra;

transfórmame en estrella

cuando sea arena…

Poema escrito por Pablo Escobar

Una de las primeras cosas que hice cuando llegué a Medellín fue ir al municipio vecino de Envigado, el pueblo donde nació, vivió y fue enterrado Pablo Escobar, el capo de la droga más famoso en la historia de latinoamérica.

Durante los ochenta, cuando Escobar tenía un asiento en el Congreso de Colombia y al mismo tiempo coordinaba el envío de toneladas de cocaína colombiana a Estados Unidos, al pueblo de Envigado, sus alcaldes lo llamaban pomposamente el Mónaco de América y se jactaban de tener el mejor nivel de vida, de dar subsidio de desempleo y de no tener mendigos en sus calles.

El diputado Escobar, quien de joven quería ser guerrillero izquierdista pero millonario, terminó exhibido pronto por agentes de la DEA como el gran capo de la  droga “a nivel mundial”. Ante la imposibilidad de seguir manteniendo una visión hipócrita en cuanto al tráfico de drogas, la elite colombiana se fracturó. Unos optaron por cuidar la canasta de los huevos de oro que era el negocio de la cocaína impulsado a niveles trasnacionales por Escobar, y, como pudieron, ayudaron al capo; otros, quizá los menos beneficiados, quizá no, se enfrascaron, con asesoría estadounidense, en la persecución del antiguo diputado. Una violencia sin precedente se desató. “El terrorismo es la bomba atómica de los pobres, me toca utilizarlo aunque vaya contra mis principios”, dijo una vez Escobar, durante la parte más álgida de esa batalla.

Delirante como el realismo mágico consagrado por su paisano Gabriel García Márquez, el capo de la droga invertía algunos millones de pesos colombianos de su ganancia en los barrios más miserables del país y luego de hacerlo daba entrevistas donde decía cosas como lo siguiente:  “Me angustió siempre ver en los barrios populares a los niños y jóvenes exponiendo su vida al correr detrás de un balón por las calles cruzadas de raudos automotores. Soñaba con el día en que esta juventud tuviera estadios propios para poder jugar sin humillarse ante nadie ni exponerse a un accidente. Así nació mi vocación por la creación de los campos deportivos. Hoy construimos canchas para fútbol, basketball, voleibol y polideportivos. Ojalá mañana podamos extender nuestra acción para campos de béisbol, para piscinas y gimnasios a montón, para el pueblo”.  Algunos de esos lugares apoyados por el capo terminaron llamándose “Barrio Pablo Escobar”. Al día de hoy, así se les conoce.

En Envigado, una de las cosas que me interesaba mirar era la tumba de Escobar. Amigos colombianos me habían contado que después del entierro del capo, hubo gente que llegaba con botes o bolsas para guardar tierra que excababan alrededor de la lápida, ya que creían que ésta era milagrosa y ayudaba a conseguir dinero. Ante esta profanación hormiga, uno de los incondicionales del capo, indignado, decidió instalarse de manera permanente a cuidar la dignidad del muerto, día y noche. No todos creyeron en su lealtad y hubo quienes lo acusaron de vender la tierra de la tumba por su cuenta, claro, con suma discreción.

Pensé que fuera de eso ya no podía toparme con nada nuevo en ese panteón de Envigado, hasta que llegué y supe que la tumba había desaparecido. La razón: los hermanos del capo exhumaron sus restos buscando refutar, más de veinte años después, la versión oficial de que Escobar murió a causa de balas policiales. Según la familia Escobar, el capo se suicidó antes de ser cazado por sus perseguidores.

¿Dónde andará el espíritu de ese capo que, en un escrito suyo encontrado por la policía, citó así a sor Juana Inés de la Cruz?

 

¿Quién es más de culpar

aunque cualquier mal haga,

quien peca por la paga

o quien paga por pecar?

 

twitter.com/diegoeosorno


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