Y es que las guerras, ya se sabe, siempre dejan rastro de dolor, víctimas, damnificados, huérfanos, desaparecidos, muertos. Pero en el transitar de las pequeñas historias siempre surgen proezas, momentos épicos, relatos memorables; personas valientes que en el día a día se niegan a formar parte del rebaño mudo.
Este hueco narrativo quiere también exorcizar los fantasmas, las animas que se empeñan en perseguir su lugar en el mundo, las presiones que atacan el trabajo independiente; quiere desafiar el paso inexorable del tiempo para buscar un futuro más justo, más equitativo, más diverso, más incluyente y colectivo; pretende soñar con la posibilidad de otro mundo, con el fin de la impunidad, con la llegada de una paz llena de justicia social.
Las palabras son, al final de cuentas, las formas que retratan la cotidianidad, ese devenir cotidiano movido por el motor del amor. Las palabras son las caricias que cultivan el alma, los apapachos que necesita el corazón, los mimos que mueven los sentimientos. La ternura esta envuelta en palabras. Con las palabras nos comprometemos, nos queremos. Las palabras nos dan la esperanza.
“Nuestra Aparente Rendición” nos invita a inventar un proyecto critico para superar la apatía, el conformismo; para romper el mutismo. El nombre del este blog, es un homenaje a Eduardo Galeano y su libro “Días y noches de amor y de guerra” cubierto de prosas cortas unidas por el amor y la guerra que lo significan todo como ahora sucede en México. “Creo que un autor al escribir abraza a los demás”, dice Galeano.
Yo los abrazaré constantemente desde aquí. Gracias por el espacio, gracias por leerme, gracias por estar cerca de mi.
