¿Por qué chingados tanta saña, dolo y odio contra la mujer?
El 2 de noviembre del 2011, en una de las avenidas principales de Montevideo, Uruguay, aparecen dos maniquíes: uno vestido de hombre y otro de mujer. Son parte de una protesta internacional por la muerte de dos tuiteros en Nuevo Laredo Tamaulipas el 13 de septiembre del mismo año. La forma en que fueron expuestos los maniquíes apenas es un intento de ejemplificar en otros lados lo que ya se vivía de manera cotidiana en México.
Imagino a quien preparó esos maniquíes reconstruyendo el cuerpo de las dos personas asesinadas. En especial el de la mujer. Los pudo haber hecho con diferentes materiales: hule espuma, papel periódico o incluso metiendo las hojas secas del patio dentro de la ropa. Veo unas manos delicadas armando un brazo, una pierna, el tronco. Usan la aguja y el hilo para unir las partes del cuerpo. Se mueven ceremonialmente haciendo un ritual de desmembramiento invertido que contrario al otro no es producto del odio, el rencor o la falta de humanidad. De repente las manos se topan con el rostro de la chica. Recuerdan que no saben su nombre. La noticia que salió en los periódicos no daba ese dato. Se limitaba a mostrar las fotos de los cuerpos dando a conocer la amenaza al resto de los tuiteros y a los ciudadanos en general para que dejaran de usar las redes sociales como herramienta para informar a la ciudadanía de los hechos violentos y criminales.
En la foto se veían señas de tortura en ambos cuerpos, pero en el de ella la saña y el dolo eran más notorios. La forma en que fue atada se parece a la que usan para los becerros en las fiestas de charrería. Y a mí me da por pensar en toda esa violencia a la cual se expone el cuerpo de la mujer en un tradición machista llena de símbolos patrios que aluden a una virilidad frustrada y resentida con lo femenino. Las canciones que se les componen a las mujeres siempre son de desprecio a pesar de que se consideran de amor y deseo. Desde una perspectiva freudiana esta relación se explica haciendo referencia a la dualidad de la psique humana, que por un lado se ve impulsada hacia el erotismo que intenta preservar y unir, mientras que por otro tiene un instinto destructivo que busca matar y destruir. Pero aun con eso no puedo entender todo ese exceso de odio hacia lo femenino. Cómo se degrada al cuerpo de la mujer convirtiéndola en una mercancía a la cual se le guarda tanto resentimiento.
La manera cómo dejaron a esta chica, sin nombre, violentada y con su cuerpo degradado, nos habla de una gran pulsión destructiva contra la mujer, su cuerpo y todo lo que este representa. Un cuerpo que es capaz de resistir más dolor que el del hombre con propósito de crear vida, no para ser torturado. De modo que degradar el cuerpo de la mujer y exponerlo colgando de un puente es degradar la vida y exhibir el odio a la posibilidad de que pueda renacer la vida en una sociedad cada vez más inclinada hacia sus pulsiones autodestructivas.
Pero volvamos a las manos que reconstruyen el cuerpo ficticio que se usara para hacer una denuncia internacional de la violencia en México. No pueden regresarle la vida a nadie, pero si pueden devolverle algo de dignidad a lo femenino.
Y lo hicieron.
El machismo impide toda oportunidad de dialogo entre lo femenino y lo masculino, degrada cuerpos y los expone para dejar claro que no le interesa el dialogo. Por eso las manos que imagino cosiendo las partes de ese maniquí las visualizo maternales. Como si en lo femenino de todos nosotros estuviera la posibilidad de consolar a alguien tan violentado y ayudarnos a superar una pulsión autodestructiva tan fuerte.
No sé el nombre de la chica. Sólo sé que era mujer y usaba el tuiter para informar a los demás de toda esa violencia de la cual ella fue víctima.
Tampoco sé si llegó a ser madre. Pero sí fue hija y debe ser recordada por unas manos que la acariciaron con ternura y desean volver a tenerla cerca.
