Tú y yo coincidimos en la noche terrible

GUSTAVO FLORES TRENADO

Camino a Guanajuato

 

Gustavo Flores Trenado trabajó para Grupo Reforma por doce años, hasta el día de su muerte.

Doña Ofelia, su madre, no olvida el día en que fue a solicitar empleo al diario.

“Pedían jóvenes de hasta 25 años. Él fue y le dijeron ‘nosotros te llamamos’ y como se tardaron pensó que no había entrado y decidió irse a Estados Unidos”, cuenta. “Se fue y a los dos, tres días lo llamaron y se tuvo que regresar”.

Antes de ser periodista, Gustavo Flores ya había sido migrante. Creció cerca del metro Observatorio en el Distrito Federal y a partir de la secundaria cada periodo vacacional lo pasó al otro lado de la frontera. “Hizo de todo, hasta de ayudante de azulejero”, recuerda Ofelia. También le gustaba el rock y en la adolescencia formó su propia banda a la que llamó Garganta Seca.

En la revista de rock Conecte publicó uno de sus primeros textos sobre un concierto de los Rolling Stones. Entonces Gustavo Flores era estudiante de Periodismo en la Escuela nacional de Estudios Profesionales de Acatlán, donde conoció a Noemí Gutiérrez, su compañera de vida y de oficio. “Cuando se iba a Estados Unidos nos escribíamos cartas”, relata Noemí. “Le gustaba que le mandara la revista Proceso. Una vez le conseguí un autógrafo de uno de Café Tacuba. Se lo mandé y se puso feliz”.

Gustavo Flores fue un apasionado de la política, pero sobre todo del béisbol y la lucha libre. Se consideraba afortunado pues en el periodismo había encontrado la manera de estar cerca de sus aficiones, escribir sobre ellas y recibir un sueldo.

 

EL PASEO AL QUE NO LLEGÓ

Cuando Gustavo Flores murió llevaba más de ocho años como coeditor de Metro, periódico perteneciente a Grupo Reforma. Tenía poco que le habían dicho que sería editor de nacional. La noticia lo tenía emocionado. Con ese ánimo, el viernes 6 de abril salió del D.F. y tomó camino hacia Guanajuato para alcanzar a Noemí y pasar el fin de semana. Cuatro días después (que permaneció en coma) Gustavo Flores, de 40 años, falleció en el Hospital General de Querétaro. Su certificado de defunción establece: traumatismo craneoencefálico severo.

            La última persona que habló con él fue Noemí. Alrededor del mediodía del viernes le dijo vía telefónica que ya había pasado la caseta de Tepotzotlán y que calculaba que en tres horas más llegaría a su destino. Pero eso no ocurrió. Dos horas más tarde, un policía federal marcó desde el celular de Gustavo Flores al jefe del periodista en Reforma para informar que Gustavo había sido encontrado en la autopista, a un lado de su vehículo, cerca de San Juan del Río.

“Le preguntan específicamente qué hace Gustavo Flores para Reforma (...) La persona no se identifica y dice que él está bien, que está desmayado y que se encuentra en San Juan del Río”, narra Noemí. Quien más tarde recibió una llamada, ahora de una mujer que dijo ser oficial de la Policía Federal. Le dio una versión similar e insistió en que sólo debían acreditar la propiedad del vehículo Peugeot rojo para retirarlo de la base de Palmillas. El auto no tenía sellos de resguardo ni presentaba averías.

            Gustavo Flores fue trasladado en una ambulancia de Caminos y Puentes Federales al Hospital de San Juan del Río donde ingresó como desconocido, pese a que los agentes tenían sus identificaciones. De ahí lo llevaron al Hospital General de Querétaro. Sus familiares llegaron por la noche y recibieron la noticia de que estaba en cirugía. El pronóstico los dejó sin aliento: Un golpe muy fuerte en la cabeza le había ocasionado un hematoma.

            El 10 de abril, Gustavo Flores fue declarado muerto.

A Noemí Gutiérrez todo le parece difícil de creer. “Se nos hace extraño que la Policía Federal pueda confundir un desmayo con traumatismo. Por otro lado, el reporte que dio CAPUFE dice ‘atención por crisis convulsiva’”.

 

LA INVESTIGACIÓN

El ministerio público en San Juan del Río inició de oficio la averiguación previa SRJ2/411 /2012 por lesiones. En su declaración, el mecánico Felipe Sánchez, testigo de lo ocurrido, dijo que vio a Gustavo a la orilla de la carretera con su auto detenido cuando repentinamente se desvaneció. (Reforma, 12/abril/2012). Cuando la familia conoció la averiguación se dio cuenta de que había irregularidades. “Notamos que nunca se pidió un dictamen de mecánica de lesiones, tampoco se le hizo un examen toxicológico, ni se le tomaron muestras de la ropa que vestía”, precisa Noemí. Ante esta situación la familia inició otra averiguación en Querétaro, la IIIA/687/2012, para que se investigara la posible comisión de un delito. “Nosotros creemos que a Gustavo lo paró la policía y lo quiso extorsionar”, comenta Noemí. “No tenemos elementos para sustentarlo”, reconoce, “pero estamos esperando un dictamen que nos va a hacer un especialista forense de una mecánica de lesiones”.

La familia presentó una queja ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos del Distrito Federal [CDHDF]. Consiguieron pronunciamientos de la CDHDF, Artículo 19, Cencos y Periodistas de a Pie. También presentaron una queja ante el Órgano Interno de Control de la Secretaría de Seguridad Pública. Y Noemí Gutiérrez se acercó recientemente al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Le pidieron copia de la averiguación previa pero el Ministerio Público aún no hace entrega de la misma. “Dice que hay muchos casos tan importantes como el nuestro, que no tiene recursos ni especialistas y que por lo tanto esto va a tardar”.

Información adicional

  • Autor/a: Olivia Zerón
  • Bio autor/a: Reportera y conductora. Actualmente colabora en WRadio y Animal Político.

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